La belleza en el caos – Arreglada vs Desarreglada

La belleza en el caos – Arreglada vs Desarreglada

La belleza es relativa, claro. Algunas veces nos sentimos muy bien. Otras veces nos sentimos demasiado bien. Y otras veces, no hay nada que nos haga parar de la cama y darle la cara al mundo. Las mujeres no somos incomprensibles: todo es muy sencillo. Nos sentimos bonitas o no, y según eso, vemos el mundo.

La belleza en el caos

Me pasa que hay días en los que me levanto y me siento preparada para revolucionar el mundo. Hago ejercicio, un desayuno saludable, me tomo mi tiempo para consentirme y me arreglo como la mujer maravilla. Mis ondas son la vibración por la cual se transmite la música. Es que en esos días puedo mejorar el mundo. Y así, salgo a la calle a regalar mi sonrisa. Me siento regia.

Sin embargo, otros días simplemente me siento derrotada. Sin motivo, no pasa nada. Pero es que no tengo ganas de nada. No quiero saber de sentadillas, o de avenita con fresas, y ¡menos de arreglarme el pelo! Y así, salgo al mundo. A regalar miradas como puños. A beberme todo el café del Quindío. Y es que así nos vamos sintiendo. Arreglarnos o no arreglarnos: he ahí la cuestión. El mundo a través de nuestros ojos depende de cómo estén esos ojos. ¿O no?

Desarreglada

«Ni la leche del cafesito me quiere cuajar. Ni siquiera pasando por la construcción de la esquina me puedo sentir más bonita. Ningún piropito bobo, con lo tanto que me molestan. Pero claro, si ni una peinadita me pegué». Esa soy yo siempre que no me tomo ni cinco minuticos para darme cariñito. Y es que, ¿quién más que yo se lo merece? Hasta el pelotudo del Tinder recibió más amor de mí que yo en esos días. Y no, hay que parar. Menos mal que, con mi nueva plancha PyT no tengo excusas de tiempo. Se calienta súper fácil y es como una cápsula de belleza instantánea.

 

Arreglada

Me demoro cinco minutos alizándome el pelo. Es que esa plancha es una maravilla. Rubor en las mejillas y un poquito de mascara. Nunca más bonita. El mundo no está preparado para tanta belleza. Y es que sí, me amo a mí misma. Aunque tenga un par de estrias en las nalguitas, así sé que me crecieron un poquito. Además, inteligente y linda, ¿qué más quiere el mundo?

 

Amor propio, nenas. Que darnos cariño no nos cuesta más de cinco minutos, pero nos da muchos días de plenitud. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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