Antonia – Siempre linda para la u

Antonia

Sonó el despertador, otra vez. Tenía que levantarse o iba a llegar tarde a la universidad. De las tantas veces que lo hacía, hoy era en la que menos podía repetirlo. Tenía que llegar al preparatorio de laboral. Era el único que le faltaba para poder graduarse.

Desde hace tres semanas estaba estudiando día y noche, noche y día. Se sentía como en cuarentena. Ya ni se daba cuenta cuándo era fin de semana, ni lunes, ni martes (el peor día, en realidad, porque todo lo que no le gusta a la gente hacer para empezar la semana, lo posponen para el martes). Sólo tenía esta fecha marcada en el calendario del celular con un gran recordatorio. Tenía que llegar.

Se bañó rápido y salió. No tenía tiempo de comer. El tiempo para acicalarse lo había invertido en horas de sueño. Se había quedado hasta la madrugada repasando de volada los temas, por si acaso.

Cuando llegó a la universidad vio a Cristina, impecable. Joder. ¿Cómo le hacía? Siempre estaba como un postre. Uñas, outfit, maquillaje, pelo… ¡hasta ondas se había hecho! ¿Cómo? ¡Por Dios! Se habían conocido el primer día que entraron a la universidad. Cristina siempre había destacado, no sólo por su inteligencia, sino porque ponía gran esmero en su presentación. Yo, por el contrario, no siempre lo hacía. Claro, hombre, que me importa verme bonita. Lo que pasa es que, ¿con qué tiempo? Por eso la admiraba, ella siempre se organizaba para dejar tiempo suficiente y arreglarse.

Es que, verse bien es sentirse bien, ¿no? Y eso serefleja.

-¿Vos a que horas te levantás, ah? – La saludó.

-Jajaja, boba. Vos sabes que antes muerta que sencilla. – Me dijo entre risas, tocándose el pelo impecablemente arreglado.

-Pues, si es que preferís dejar de dormir que hacerte crespos… sí, ¡antes muerta que sencilla! – Respondí sarcástica – ¿No tenías como otra cosita para hacer? No sé, ¿estudiar? – Añadí.

-Es que me compré una encrespadora buenísima, de Pyt. Se calienta en dos segundos y no es sino partirse los mechones de pelo en “parpatadas” – Me contestó.

-Pues me vas a tener que regalar una, a ver si algún día yo me veo así de tranquila y feliz antes de un preparatorio final – Le dije.

-No me parece una mala idea, Anto. Además, en PyT me dieron una clase completa de cómo hacerme los looks que más me gustan, para que no pierda tiempo intentándolo yo sola y me queden como de peluquería. Yo creo que a vos te gustaría más que a mí, ¿no? – Replicó Cristina.

-Ya dijiste, querida. De grado quiero una plancha PyT. Y mejor pídela de una vez, que este examen ya lo tengo ganado – Respondí entre risas.

 

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